
C谩ncer de mama
M贸nica SantiCuidarse es prevenir: claves para reducir el riesgo de cáncer de mama
Por Mónica Santi
Buenos hábitos, alimentación saludable y controles médicos regulares son las herramientas más efectivas para prevenir el cáncer de mama, una enfermedad que, detectada a tiempo, tiene altas posibilidades de curación.
El cáncer de mama es el tipo de cáncer más frecuente en las mujeres de todo el mundo. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), una de cada ocho mujeres puede desarrollarlo a lo largo de su vida. Sin embargo, más del 40% de los casos podrían prevenirse con cambios en el estilo de vida y detección precoz.
La alimentación, aliada del bienestar
La nutrición cumple un rol fundamental en la prevención. Una dieta equilibrada y antiinflamatoria ayuda a mantener el sistema inmunológico fuerte y a regular las hormonas, especialmente los estrógenos, que influyen en algunos tipos de cáncer mamario.
Los especialistas recomiendan priorizar el consumo de frutas y verduras frescas, en especial las de colores intensos como arándanos, moras, granadas, tomates, zanahorias y hojas verdes. Las crucíferas (brócoli, repollo, coliflor y rúcula) son especialmente protectoras, ya que contienen compuestos que ayudan al cuerpo a eliminar toxinas y metabolizar mejor los estrógenos.
También se aconseja incorporar grasas saludables, presentes en el aceite de oliva extra virgen, las paltas, las semillas (chía, lino, sésamo) y los pescados ricos en omega 3. En cambio, conviene reducir el consumo de azúcares refinados, harinas blancas, ultraprocesados, embutidos, frituras y alcohol, todos ellos relacionados con procesos inflamatorios y hormonales que aumentan el riesgo.
El agua pura y filtrada, junto con infusiones antioxidantes como el té verde o el agua con cúrcuma y limón, favorecen la desintoxicación y el equilibrio corporal.
Cuidar el cuerpo y la mente
El bienestar emocional también influye directamente en la salud. El estrés crónico, el cansancio y la falta de descanso alteran las defensas y el equilibrio hormonal. Practicar Mindfulness, meditación o respiración consciente, así como mantener un sueño reparador de 7 a 8 horas, son hábitos que fortalecen la respuesta inmunitaria.
La actividad física regular es otro pilar esencial. Se recomienda al menos 150 minutos semanales de ejercicio moderado, como caminar, nadar, bailar o practicar yoga. Mantener un peso corporal saludable reduce la cantidad de estrógeno circulante y mejora la circulación linfática, ayudando al organismo a eliminar desechos.
Evitar el tabaco, limitar el alcohol y disminuir la exposición a químicos nocivos —como los parabenos en cosméticos o el BPA en plásticos— también contribuye a la prevención. Usar ropa interior cómoda, elegir desodorantes sin aluminio y proteger la piel del sol son pequeños gestos diarios que suman bienestar.
Detección temprana: la mejor herramienta
La detección precoz sigue siendo la clave para salvar vidas. La autoexploración mamaria mensual permite conocer el propio cuerpo y advertir cualquier cambio, como nódulos, hundimientos o secreciones. Debe realizarse entre los días 7 y 10 del ciclo menstrual, o el mismo día cada mes si ya no hay menstruación.
A partir de los 40 años, se recomienda realizar una mamografía anual o cada dos años, según el criterio médico. Las mujeres con antecedentes familiares directos de cáncer de mama u ovario deberían comenzar los controles diez años antes de la edad en que se diagnosticó el caso familiar. En estos casos, puede ser necesario agregar estudios como la ecografía mamaria o la resonancia magnética, y una consulta de asesoramiento genético si hay sospecha de mutaciones BRCA1 o BRCA2.
Un mensaje de esperanza y acción
El cáncer de mama no siempre se puede evitar, pero sí se puede reducir significativamente el riesgo y aumentar las probabilidades de curación. Adoptar una alimentación natural, cuidar las emociones, moverse cada día y realizar los controles médicos en tiempo y forma son las mejores decisiones para vivir con salud y conciencia.
La prevención empieza por uno mismo, con cada elección diaria, cada paso, cada gesto de autocuidado. Porque cuidarse no es un acto de miedo, sino un acto profundo de amor propio.












