Colección Zumbidos 🐝🌻 abejas

“Cuidar los zumbidos es cuidar los viajes del mañana”.
Actualidad09/01/2026Mónica SantiMónica Santi
file_0000000017b071f58b6f642df59cc94f

“Cuidar los zumbidos es cuidar los viajes del mañana”.

El zumbido que sostiene la vida

Amanece y el aire todavía conserva el frío de la noche. En el borde de un campo florecido, una abeja se posa sobre una margarita abierta. No hay apuro. El mundo despierta a otro ritmo cuando ellas están presentes. El zumbido es suave, casi imperceptible, pero sostiene una arquitectura invisible de la que depende la vida.

La abeja busca néctar, ese alimento dulce que le da energía para seguir volando. En el trayecto, su cuerpo se impregna de polen. No lo sabe, pero acaba de convertirse en puente: entre una flor y otra, entre una planta y su descendencia, entre el presente y el futuro. Así, sin discursos ni protagonismo, las abejas permiten que las plantas se reproduzcan, que los frutos crezcan y que las semillas encuentren su camino.

En la Argentina existen miles de especies de abejas, muchas de ellas nativas y solitarias, poco conocidas y fundamentales. No todas producen miel, pero todas cumplen una función clave. En montes, campos, huertas y hasta en ciudades, su trabajo silencioso sostiene cultivos, economías regionales y ecosistemas completos.

Cuando una abeja falta, el paisaje cambia. Las flores son menos, los frutos escasean, el silencio se vuelve más denso. Científicos lo explican con datos: gran parte de los alimentos que consumimos depende de la polinización animal. Pero en el territorio, la evidencia es más simple y más cruda: sin abejas, la tierra pierde su pulso.

Hoy ese zumbido está amenazado. El uso intensivo de agroquímicos, la pérdida de flores nativas, los monocultivos y el cambio climático reducen su alimento y su refugio. Cada campo homogéneo, cada jardín sin flores, es un obstáculo más para su supervivencia.

Sin embargo, todavía hay tiempo. Plantar flores nativas, reducir pesticidas, dejar un rincón del suelo sin intervenir, mirar con otros ojos a esos pequeños seres alados. Cuidar a las abejas no es un gesto romántico: es una decisión profunda sobre qué mundo queremos habitar.

Te puede interesar