

Colección Zumbidos 馃悵
Zumbidos I: Cuando las abejas trabajan en silencio
No hacen ruido para llamar la atención.
No piden reconocimiento.
Sin embargo, cada día sostienen la vida.
Las abejas comienzan su jornada mucho antes de que el paisaje despierte del todo. Cuando el rocío aún se aferra a las flores, ellas ya están ahí: recorriendo campos, jardines, bordes de caminos, montes y huertas. Vuelan de flor en flor sin saber que, en ese gesto repetido miles de veces, mantienen en equilibrio ecosistemas completos.
Más del setenta por ciento de los cultivos que llegan a nuestra mesa dependen, en alguna medida, de la polinización animal. Frutas, verduras, semillas, forrajes. Las abejas no solo producen miel: producen alimento, biodiversidad y futuro.
En el mundo del ecoturismo y del turismo sustentable, las abejas son un indicador silencioso de salud ambiental. Donde hay flores diversas y abejas activas, hay territorio vivo. Donde el zumbido desaparece, algo se rompió antes: el uso indiscriminado de agroquímicos, la pérdida de flora nativa, la simplificación del paisaje.
Observar una abeja trabajar es una lección de equilibrio. No arrasa, no se lleva todo, no deja huella visible. Toma lo necesario y sigue su camino. Tal vez por eso incomodan tanto a ciertos modelos productivos: su lógica no es la de la extracción, sino la de la continuidad.
Las abejas también nos recuerdan que lo pequeño importa. Que el turismo responsable no siempre pasa por grandes infraestructuras, sino por cómo miramos el entorno. Un campo florido, una huerta agroecológica, un sendero con vegetación nativa pueden ser experiencias transformadoras si aprendemos a leerlas.
Cuidar a las abejas no es solo una causa ambiental. Es una decisión cultural, económica y ética. Es entender que sin ellas el paisaje pierde sentido, y que sin paisaje vivo no hay viaje posible.
Escuchar su zumbido es, quizás, el primer paso para viajar distinto.







